Inaugurar un nuevo espacio en el universo para mí con estas palabras no resulta de lo más satisfactorio. Pero, si lo hago, quizá sea porque no quedaba otra opción.
Un día comencé a manejar el término <<desierto>> para denominar mi visión física del mundo. No podría ser más acertada ni venir más a cuento.
En este erg de dunas grisáceas, como ocurre en cualquier otro, escasea el agua. No hay nada excepto arena que me abrasa los pies, y un sol que me abrasa y me pica la piel como un punzón. No hay nada, sólo soledad. Es muy fácil volverse loco.
En ocasiones, no obstante, la supervivencia pasa a otro nivel. Otro mucho más difícil de superar... Y, por cualquier leve tormenta siento que me falta el aire, que no puedo respirar por mucho que boquee en busca del tan demandado oxígeno. Pero no lo hay. No hay nada...
Otras veces, en cambio, me doy de bruces con un oasis. De repente, sin haberme percatado, tengo todo lo que tanto tiempo llevo buscando: el bienestar, la vida, la libertad... Un lugar en el que paisaje y caminante pueden equipararse. Donde veo con los ojos del alma. Y no se trata de un espejismo.
El pintar. El sentirme capaz de llevar a todo espectador de mi obra a mi mundo gris, a mi mundo de no entender... mediante el color. La mezcla abstracta de tonalidades que confunden, que sólo unos pocos son capaces de asimilar y comprender. Ese es mi oasis de felicidad en un mundo cada vez más apagado.
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